Más allá de la diversidad de criterios que pueda existir o de las preferencias individuales, creo que coincidiremos en que los peces “Disco” son un punto y aparte en la acuariofilia mundial y acaparan la atención de todos aquellos que gustan de los peces.
Dicho esto, como un Blog es algo muy personal que compartimos con personas afines a nuestro perfil de vida, haré uso de esa familiaridad y redactaré este artículo mezclando información básica y vivencias personales con un poco de historia, que es la que aporta el sustrato donde enraíza nuestra identidad.
La primera descripción de este pez se remonta a 1840, realizada por Johan Jacob Heckel, pero, debe transcurrir casi un siglo para que, en 1935, G. Ambruster, un comerciante de Filadelfia, consiga, con relativo éxito, la primera reproducción, documentada, de “Discos” en cautiverio. Ese mismo año, en Alemania, un criador nombrado Beirlein logra que unas cuarenta crías de estos peces alcancen la adultez.
A partir de 1960, cada vez son más los reportes de resultados exitosos en la cría del “Disco marrón”, y poco a poco llegarían las primeras descendencias de los discos azules y verdes.
Los años setenta, en 1976, brindarán un importante punto de giro en el destino de la especie, con la primera reproducción del “Disco marrón” en el sudeste asiático, debido a que, a partir de entonces se desencadena todo el desarrollo genético que deriva en la extensa gama de peces “Disco” ampliamente producidos y comercializados en la actualidad, que acaban desplazando a las variedades silvestres.
Hasta donde nuestros conocimientos lo permiten, el primer escrito publicado en Cuba sobre la especie, aparece en 1954, con la primera edición del libro “Peces tropicales” de José Rodda y Charles Pujol. Afortunadamente, mi padre adquirió uno de estos ejemplares, lo que permitió mis primeras lecturas en la infancia. También, entre las ilustraciones, aparecen dibujos a color que incluyen al entonces nombrado “Pompadour”, alusión homónima que compara la forma de las aletas del pez con el peinado de la afamada cortesana francesa Madame de Pompadour, la amante más célebre del rey Luis XV.

A mediados del siglo XX, José Rodda, tenía uno de los pocos acuarios de renombre en Cuba, radicado en la calle 5ta entre 4 y 6 en el Vedado habanero y conocido como el “Acuario del Vedado”; de niño, tuve la oportunidad de visitarlo asiduamente para adquirir peces en compañía de mi padre.
No es hasta mediado de los años setenta, que llegan a Cuba los primeros ejemplares del “Disco marrón”. Cuando los vimos en un cuarto oscurecido y climatizado, en la casa de un dedicado piscicultor llamado Miguel Ángel que vivía en la calle Cuba de la Habana Vieja (de quien nada se dice y fue una de las piezas claves para el desarrollo posterior de la piscicultura en Cuba y de los pioneros en la tenencia de acuarios marinos), la expectativa de aquel viejo artículo, del único libro sobre la crianza de peces que hasta la fecha poseía, estaba muy por encima de lo visto y les confieso que, más allá de su tamaño y estático comportamiento, no desataron en mí, otras sensaciones a su favor.
Los años setenta fueron una etapa de esplendor en la acuariofilia cubana con la introducción al País de nuevas especies. Las más notables, fueron expuestas en una muestra de peces ornamentales exhibida en el hotel Habana Libre de la Capital. También aparecen nuevas publicaciones como, quizás la más difundida entre los cubanos, “El acuario” de Henri Favré, impresa en Cuba por la Editorial Científico-Técnica del Ministerio de Cultura, con un breve texto sobre los peces “Disco”.
Vital importancia asumió la serie argentina “Acuarama”, Ediciones Littec que, en el Suplemento No. 6 “Discus y Scalare” desde la página 11 hasta la 40, aporta todo un conjunto de elementos referidos a la especie, incluidas imágenes.
Estos son, en apretada síntesis, los antecedentes básicos de la presencia del pez “Disco” en la acuariofilia cubana.
En los años ochenta, podemos acceder a algunos destellos de la especie en la escasa literatura disponible, no de utilidad para los piscicultores consagrados pero, sí, para el conocimiento de su existencia por los niños y aficionados a la tenencia y cría de peces. Procedentes de la antigua URRS, antes del derrumbe del Campo Socialista y los acontecimientos derivados, se venden en Cuba juegos de postales a color sobre peces de acuario y la Editorial Gente Nueva pone a la venta un sencillo libro “Aletas multicolores” de Víctor Datskevich. Editorial RADUGA, Moscú, 1987. En él, nuevamente aparece un breve texto acompañado de una linda imagen que con gusto anexamos para ustedes.

Adicionalmente, quienes tenían familiares o amigos residentes en el extranjero y aquellos que en alguna ocasión pudieron viajar fuera de Cuba, se las agenciaban para traerse alguna que otra publicación; casi todas en inglés o en ruso, que debían ser traducidas y mecanografiadas para su consulta.
Superados los años del Período especial, con el acelerado desarrollo de las modernas tecnologías en el Mundo, de a poco, los acuaristas cubanos pudimos ir accediendo a textos más completos, actualizados y digitalizados.
Afortunadamente, hoy tenemos mucha información y mucha inmediatez para localizarla, traducirla a nuestro idioma, recibirla o compartirla. Ejemplo de ello, a partir de iniciativas cubanas, es el BOLETIN No 010-04-2007, publicado por El acuarista cubano, en su página web, donde incluye dos artículos: “Taxonomía del pez disco” de Alexis Martínez Terrero y “Symphysodon discus, el pez disco” de Miguel S. Bayona Valentín.
Otro buen ejemplo es el artículo que publica la revista “Mar y pesca” en marzo del 2015.
A pesar del limitado conocimiento que, sobre este tema, estaba a disposición de los esenciales precursores de la acuariofilia cubana, a pesar de ello, todo lo dicho nos muestra como la consagración de muchos, para salvar obstáculos y avanzar en el camino de los sueños, cada día, ofrece nuevas y mejores posibilidades a las generaciones emergentes de acuaristas, que esperamos se conviertan en dignos continuadores de todo este legado de empeño, sacrificios y perseverancia.
Sirva pues, este artículo, como un modesto reconocimiento a todos aquellos que, muchas veces desde el anonimato, han hecho posible que hoy, los cubanos, a pesar del elevado costo que demanda la decisión de tener una pecera con peces “Disco”, al menos podamos admirarlos y soñar con la posibilidad viable de hacerlo realidad algún día.
A partir de este necesario preámbulo introductorio, iremos ofreciéndoles algunos artículos sobre estos distinguidos peces que contribuyan al conocimiento de sus características y requerimientos vitales.











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