El arte de sifonear

Publicado en acuariofiliacubana.cubava.cu el 30 de abril de 1917

Dominar el “arte de sifonear”, resulta imprescindible para cualquiera que pretenda adentrarse en el mundo de la piscicultura. Consiste, en adquirir las habilidades necesarias para, auxiliados de un sifón, sustraer de nuestro acuario el agua y los desechos orgánicos indeseados.

Como toda práctica, tiene un sustento teórico; un conjunto de basamentos esenciales que nos permitirán, con el tiempo, desarrollar nuestros propios mecanismos en función de los resultados deseados: según el caso particular.

Basta con disponer de un tubo (manguera) de una medida y longitud adecuadas para ser utilizado como sifón, que nos permita hacer pasar el agua y los desechos orgánicos contenidos en ella, desde el acuario hasta un recipiente colocado en un nivel inferior a este. ¿Por qué decimos que de una medida y longitud adecuadas? Simple, si el sifón seleccionado es muy estrecho, su capacidad de succión será pobre y por lo general insuficiente, además, los desechos orgánicos de mayor tamaño, restos de plantas u otros similares, obstruccionarán el conducto con facilidad, también puede ocurrir si succionamos algún elemento de la grava contenida en el acuario. En caso contrario, una manguera muy gruesa evacuará una cantidad excesiva de agua y nos impedirá retirar los desechos con la menor cantidad de líquido posible; este sería ideal en caso de utilizarlo para el vaciado total o parcial de una pecera, pero no para el sifoneo habitual. Proveernos de un tubo de diámetro medio (1/2 pulgada) nos facilitará una faena más eficiente.

La longitud del sifón también es importante. Demasiado corto, limita la capacidad de movimiento y por ende la eficiencia de nuestro trabajo; demasiado largo hace más incómoda su manipulación, frena el flujo del agua y es más propenso a las obstrucciones durante su empleo. No podemos sugerir una longitud idónea porque no existe, en cada caso particular, debemos decidir que tramo de manguera se ajusta a nuestros requerimientos; dependiendo de varios factores: alto del acuario, ubicación del acuario y lugar donde colocaremos el recipiente receptor.

Hemos optado por la imagen anterior, para ilustrar dos razonamientos: primero, consideramos importante crear estas habilidades desde edades tempranas en nuestros hijos y no asumir la limpieza del acuario como una tarea de los adultos, sino, como una oportunidad más de compartir en familia, de estrechar lasos, de sustraer a los jóvenes de la dependiente adicción a las tecnologías actuales y segundo, porque esta niña no puede realizar correctamente su trabajo; tanto ella como el recipiente receptor deberían estar ubicados a mayor altura para poder centrar su atención en el acuario, pero para un adulto todo funcionaría bien.

También debemos tener cuidado, a la hora de realizar el sifoneo de nuestro acuario y evitar succionar los peces que, curiosos, se acercarán, quizás en busca de alimento, pero lo cierto es que podemos dañarlos e incluso matarlos.

Para no tener que introducir la mano hasta el fondo del acuario, sobre todo cuando se trata de un tanque profundo, puede acoplarse un tramo de tubería rígida en un extremo del sifón, que nos posibilitará su manipulación desde la superficie el agua.

Ya disponemos de los elementos materiales básicos para nuestra labor de higienización y mantenimiento del acuario. Más adelante, abordaremos algunas variantes prácticas para su empleo.

Se impone otra interrogante, ¿cómo hacer fluir el agua a través del sifón? Hay dos maneras elementales: (1) introducir totalmente el sifón en un recipiente con agua para que se llene, luego con los dedos pulgares de nuestras manos tapar ambos extremos y  entonces, después de introducir uno de ellos en el acuario y bajar el otro hacia el recipiente receptor, liberar, primero, el extremo dentro del acuario y posteriormente el otro. (2) Introducir uno de los extremos del sifón en el acuario y bajar el otro hacia el recipiente receptor, succionar el sifón con la boca para provocar el fluido del agua a través de él desde el acuario hacia el recipiente. Ambos métodos son funcionales; el segundo, con el tiempo, resulta ser el más común, en la medida en que nos vamos familiarizando con la actividad y salvando algunas barreras lógicas que suelen estar presentes cuando acometemos nuevas tareas.

A partir de aquí, la práctica cotidiana, unida al “disfrute” que seamos capaces de obtener durante el desempeño de nuestra nueva tarea, propiciará el perfeccionamiento gradual de esto a lo que gustamos llamar “el arte de sifonear”.

La destreza que conquistaremos será el premio a nuestra voluntad y perseverancia. Aunque se pudiera comentar mucho más sobre el tema, para facilitarles el empeño, podemos sugerirles algunas ideas prácticas que cada uno de ustedes asumirá, modificará o quizás mejore con el paso del tiempo.

No es lo mismo, sifonear un acuario decorado, con grava y otros elementos, que hacerlo en uno con el fondo libre o con algunas masetas, equipo de filtrado, etc.

En el acuario decorado, con grava en el fondo, generalmente, el material orgánico está atrapado entre las piedras, debajo de los objetos y por las raíces de las plantas. En dependencia del método y potencia del filtrado que utilicemos su concentración será mayor o menor. En la mayoría de los casos, es una tarea que acometeremos con el objetivo de retirar solo una parte de esa materia orgánica, ya que el filtro se encarga de hacerlo de manera sistemática; nosotros eventualmente intervenimos para evacuar aquellos desechos más pesados que no van al filtro y con el paso de las semanas, incluso meses (según el caso) se han ido acumulando en exceso.

Como por lo general, no podemos o queremos, alterar el decorado; entonces debemos dirigir nuestro quehacer hacia las áreas del acuario libres de vegetación, donde solemos alimentar los peces, evitando dañar las raíces de la plantación. Siempre que resulte factible, vale la pena, con mucho cuidado, retirar rocas u otros elementos grandes que suelen viabilizar acumulados significativos de desechos debajo de ellos, realizar el sifonado y volver a colocarlos en su lugar.

Para poder hacerlo, es necesario auxiliarse de un nuevo elemento complementario en el extremo de entrada del sifón o del tubo rígido, que nos permita remover la grava y succionar los desechos sólidos, acción que nosotros regularemos a voluntad, en el punto de salida del sifón con el dedo pulgar de una de nuestras manos.

Cuando no disponemos de estos utensilios en el mercado debemos de ingeniárnoslas para desarrollar iniciativas artesanales que pueden ser muy simples: basta con disponer de una botella plástica de tamaño adecuado para nuestro propósito, hacerle un orificio en la tapa que permita acoplarla a la manguera o tubo del sifón y luego cortar la botella por debajo del cuello, donde se ensancha, para obtener una especie de copa o embudo que iremos introduciendo en la grava para removerla y canalizar por él hacia el sifón todo el material desprendido el fondo, evitando de este modo su dispersión hacia el acuario.

Si tenemos la posibilidad de adquirir un equipamiento diseñado y construido al efecto, a veces mejora la eficiencia, otras no.

En tanques con el fondo libre, sifonear se convierte en una necesidad cotidiana, incluso, cuando existen accesorios de filtrado. Los desechos orgánicos más pesados, suelen acumularse en el fondo y se hace necesario retirarlos con sistematicidad. El momento más idóneo para hacerlo, suele ser en el horario de la mañana porque, la poca actividad de los peces durante la noche facilita su sedimentación, razón por la cual se nos proporciona su colecta con el sifón. Pasado este período, los peces comienzan a buscar alimento y a remover estos desechos que, si bien es cierto que algunos van a parar al colector del filtro, otra parte puede mantenerse suspendida en el acuario. Resulta indispensable, para un buen resultado, diseñar una adecuada estrategia del sifonado, iniciándolo organizadamente desde las áreas de mayor concentración de los desechos hasta recorrer todo el fondo del acuario; cuidadosamente, sin prisa, para no asustar a los peces que pueden removerlo con sus movimientos, mucho más si contamos con especies de fondo como corydoras, plecostomus u otros.

Permítannos reiterar que, ni el mejor de los artículos escritos sobre este tema, superará las experiencias personales que seamos capaces de acumular con nuestra práctica cotidiana. Sistematicidad, disfrute y mesura son los acertijos para acceder al importante “arte de sifonear”.

 

1 comentario

    • Raúl Rodríguez el 11 noviembre, 2019 a las 7:41 pm
    • Responder

    Realmente es muy instructivo lo que he podido leer de su artículo.Esperto poder mantenerme en contacto para así dar un mejor hábitat a los peces que he de colocar en la pecera para mi pequeño nieto. Saludos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.