Los peces autóctonos de Cuba. El Rivulus cylindraceus

Publicado en acuariofiliacubana.cubava.cu el 3 de septiembre de 2017.

Entre los peces de Cuba, afortunadamente, contamos con tres especies de la familia Rivulidae: Rivulus insulaepinorum, R. marmoratus y R. cylindraceus. Este último el de mayor distribución, con reportes en toda la Isla, incluida la Isla de la Juventud y además en La Florida.

El Rivulus cylindraceus (Poey, 1860), comúnmente nombrado “Rivulo cubano” o “Rivulo verde”, es un agradable pez endémico de Cuba. Uno de los “killis” cubanos. Pertenecen al orden Cyprinodontiformes integrado por peces de aletas radiales, mayoritariamente pequeños y de agua dulce.

R. cylindraceus, habita aguas salobres o dulces y toleran ligeros niveles de contaminación. En su hábitat natural, puede encontrarse en lagunas, ciénagas, pantanos, canales, ríos o arroyos, generalmente con abundante vegetación; oculto entre las raíces de los árboles o de plantas acuáticas flotantes como la Eichornia crassipes “Jacinto de Agua común”, donde encuentran alimento, se aparean y desovan.

Son peces ovíparos que, como es propio de esta familia, poseen un cuerpo tubular, largo y ligeramente engrosado en el sector abdominal. Su cabeza es aplastada, grande (casi un cuarto del cuerpo), donde la frente recta termina en una boca amplia y fija. Aunque puede llegar a alcanzar los cinco centímetros de longitud total, su talla promedio fluctúa entre tres y medio o cuatro. Los machos son ligeramente mayores que las hembras.

Sus aletas onduladas, excepto las pectorales, están distribuidas en la mitad posterior del pez, algo más cortas en las hembras. Las aletas impares: caudal, anal y dorsal son redondeadas, esta última, pequeña y rezagada; las ventrales chicas y próximas a la anal.

Los machos son de coloración parduzca-olivácea, con el dorso oscuro y los flancos con matices que transitan entre violáceos, azules o verdosos, con viso metálico y rociado de puntos rojos. La zona ventral de tonalidad variable desde el amarillo hasta el naranja, más acentuado en la garganta. Las aletas impares siempre bien coloreadas.

Detrás de los opérculos se observan sendas manchas azul metálico y en ocasiones, según el estado de ánimo de los peces, dejan entrever una raya oscura a lo largo del cuerpo, desde los labios hasta la base de la cola, atravesando el ojo o ribetes negros en las aletas.

Las hembras, son más discretas en su cromatismo, de color oliváceo en el dorso, degradando hacia el vientre blanquecino y las aletas de una leve tonalidad amarilla o naranja.

La mayor credencial en el dimorfismo sexual de esta especie, es un pequeño ocelo negro bordeado en blanco, ubicado en el extremo superior del pedúnculo caudal de las hembras.

De carácter tímido y pacífico. Gustan de permanecer la mayor parte del tiempo, encubiertos entre la vegetación, con favoritismo por las hojas flotantes o debajo de las que yacen secas en el fondo. Ahora, independiente de esto, si conviven con peces de una talla promedio no muy superior a la de nuestros Rivulus, que no los agredan, muy pronto comerán junto al resto y deambularán, casi siempre en pareja, por las zonas libres del acuario.

Los machos con marcada tendencia a la territorialidad, lo que conlleva a una aptitud agresiva entre ellos. Como estos machos dedican especial atención a cortejar las hembras, es muy recomendable colocar en el acuario dos o tres hembras y un único macho. De ese modo, evitamos las riñas entre pretendientes y el acoso excesivo de las pretendidas. También funciona la opción de una sola pareja.

Como los Rivulus son peces saltarines, es muy importante, dotar a la pecera de una tapa protectora lo más hermética posible.

Comen de todo y con apetito, pero no disimulan su preferencia hacia los alimentos vivos. Por esta razón, debemos garantizarles periódicamente algunas raciones de pequeños insectos, calandracas, renacuajos de rana recién eclosionados, larvas de mosquito, etc.

Proteger, admirar y dignificar las especies autóctonas es una manera más de acentuar nuestra cubanía; sin colectas desmedidas que afecten la estabilidad de las poblaciones naturales, realizándolas en épocas del año adecuadas que garanticen la descendencia de los ejemplares adultos y el desarrollo de los juveniles. Contribuyendo de manera activa y consciente en la preservación de sus hábitats naturales. Ofreciéndoles un espacio digno en nuestros acuarios, estaremos fortaleciendo nuestra cultura y aprovechando las posibilidades que esos peces nos ofrecen: aunque no tengan el colorido y la espectacularidad de una buena parte de los que vienen DE AFUERA!!!! 

1 comentario

    • Daimir el 10 mayo, 2020 a las 1:59 am
    • Responder

    hermano quisiera saber donde se podria adquirir algunos ejemplares de rivulus verde ya que en estado salvaje es practicamente imposible colectarlos y quisiera saber si algun acuarista posee ejemplares, saludos desde villa clara.

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