La tuberculosis pisciaria

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El responsable de la tuberculosis pisciaria es un bacilo nombrado Mycobacterium piscium, que pertenece al grupo de las micobacterias; microorganismos de amplia distribución capaces de sobrevivir e incluso reproducirse, en medios desfavorables como las aguas contaminadas, donde obtienen el nitrógeno que precisan para su metabolismo del amoniaco y los aminoácidos derivados de la materia orgánica en descomposición, pero también pueden estar presentes en el agua clorada que llega a nuestras casas.

Como en todas las infecciones bacterianas, el detonante de la enfermedad está en causas externas que rompen el equilibrio del hábitat de nuestros peces y debilitan su inmunidad.

Como ya hemos comentado en artículos previos, reiteramos que las más frecuentes son las condiciones inadecuadas en el acuario como la mala calidad del agua, la superpoblación o una alimentación deficiente. La aparición de lesiones en alguna parte del cuerpo de nuestros peces, propician el comienzo y progresivo desarrollo de la infección. Los peces introducidos sin pasar previamente por una adecuada cuarentena son una de las vías más frecuentes de contagio.

En específico, la tuberculosis pisciaria se considera una de las enfermedades más amenazadoras que podamos introducir. Es una enfermedad infecciosa que se contagia de manera directa, de un pez a otro.

Sus síntomas visibles pueden ser el adelgazamiento de los peces, con el vientre cóncavo y la parte dorsal filosa, la perdida de coloración, ojos abultados, apatía, largo período de inapetencia, esterilidad, deformidades en la columna vertebral y/o las mandíbulas o aislamiento en algún lugar apartado del acuario.

Su lento desarrollo propicia una gradual degradación en los ejemplares enfermos y se manifiesta de forma diversa, en dependencia de los órganos que afecte o la especie. En cualquiera de los casos estamos hablando de una enfermedad contagiosa y crónica, porque debilita el sistema inmunitario.

Los índices de mortalidad son muy altos, algunos autores los definen rondando el noventa por ciento. Los fallecidos, cuando mueren en el acuario comunitario, al ser mordisqueados e ingeridos por el resto de los inquilinos, se convierten en un potencial foco de contagio. Por eso, ante la sospecha de la enfermedad, el pez enfermo debe ser aislado en otro acuario.

La tuberculosis pisciaria puede permanecer oculta, latente en el acuario, en peces sanos o en aquellos que sobrevivieron a su ataque a partir de nuestra temprana intervención, porque, la desaparición de los síntomas, no certifica que eliminamos la enfermedad.

Aqueja a un amplio espectro de especies piscícolas con sintomatologías más comunes en unas que en otras. Una de las familias más atacadas es Poeciliidae donde, la especie Poecilia reticulata, los Guppys, preferentemente las hembras longevas, después de varios partos se manifiesta la enfermedad a partir de la depauperación y el agotamiento. En ejemplares jóvenes con raquitismo. Lo expresado es válido para los Mollys, Colisables y Platys.

Es importante aclarar que, en estos peces ovovivíparos, la enfermedad se hace presente durante el proceso embrionario y es trasmitida desde la madre enferma a su descendencia.

La formación de nódulos es común en Goldfish y otros Ciprínidos, en estos últimos y los Carácidos prevalece la Exoftalmia mientras que las formaciones tuberculosas son más frecuentes en Cíclidos y Anabántidos. En el caso específico de los Bettas resulta habitual la Ascitis.

Debemos tener muy claro que, la única, leve, posibilidad que tenemos de salvar a un pez aquejado de tuberculosis es su diagnóstico precoz y el inmediato restablecimiento de las anomalías causantes del progreso de la enfermedad.

Recomendamos: apartar los peces sospechosos desde los primeros indicios que, con frecuencia, se expresan con un leve abultamiento de las branquias, observable viéndolos desde arriba, unido a cambios conductuales como inmovilidad o tambaleos que el pez interrumpe cuando nada con rapidez si intentamos atraparlo o cualquier otra razón que provoque su huida.

Como, por fortuna, esta enfermedad no acostumbra aquejar la totalidad de los peces, en realidad, por cruel que nos parezca, a veces, resulta mejor sacrificar los individuos dudosos y centrar nuestros esfuerzos en el resto de los pobladores del acuario, en aras del éxito ante la epidemia latente.

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