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Para mayor diversidad, dentro de la familia Cyprinidae existen pequeños barbos que no rebasan los cinco centímetros y, entre ellos, disponemos en Cuba del Puntius titteya, comercializado como “Barbo Cereza”.
Mientras son jóvenes, las diferencias entre sexos son poco apreciables, quizás el mayor tamaño de las aletas del macho, pero una vez alcanzada la adultez, el color siena rojizo de las hembras, con lomo oscuro y vientre blancuzco, además de una serie de pintas más oscuras junto a una banda que atraviesa el cuerpo desde la boca hasta la base de su cola, se vuelve rojo intenso en los machos, que nos regalan una de las libreas más espectaculares de esta familia de peces durante el cortejo y su apareamiento.
El vigor de sus colores estará en gran manera determinado por el tipo y la intensidad de la iluminación del acuario y por las condiciones adecuadas que proporcionemos a nuestros peces.
Gustan de mantenerse entre la vegetación o sus alrededores, próximos al fondo o en ocasiones en niveles medios del acuario. Los machos rivalizan con mucha frecuencia, pero no se atacan ni precisan de vivir en cardumen. Aceptan todo tipo de alimentos siempre que la dieta resulte balanceada. Sin dudas, una especie ideal para acuarios bien decorados y poblados por peces de talla media o pequeña, pero, además, conviven sin dificultad con peces mayores, no agresivos como: Escalar, Arcoíris, Gourami o Pez Gato, siempre que estemos bien al tanto de que se alimenten de manera adecuada.
En el artículo anterior sobre el Microgeophagus Ramirezi, comentábamos que, en el caso de Cuba, hasta el momento, disponemos de dos únicas variedades: la especie original también llamada “salvaje” y el “Ramirezi Azul”.
A diferencia de la especie original, esta variedad ofrece un matiz azul eléctrico, brillante en todo su cuerpo y las aletas.
Los dos primeros radios de la aleta dorsal, también son negros y los tres o cuatro siguientes de color gris-blanquecino. No están rematados en rojo, solo se aprecia un ligero viso naranja o amarillento en ellos. De igual manera, el primer radio de las aletas ventrales y anal son más oscuros.
El dorso y la frente son de tonalidad amarronada, a veces llega a naranja-parduzco y se extiende al labio inferior de los peces.
El iris de los ojos sigue siendo rojo, pero la mancha oscura que lo atraviesa se limita al iris y la parte inferior del rostro.
El dimorfismo sexual se basa en los mismos términos que la especie patrón.
La coloración más intensa que adquieren los machos y el alargamiento de los tres primeros radios de la aleta dorsal, menor talla las hembras, que además son menos estilizadas y también adquieren una leve tonalidad rosada en el vientre que cuando ovulan se engrosa.
No hay que preocuparse tanto por la convivencia de los “Ramirezis” con otros peces. Cuando se acostumbran y no son agredidos, se pavonean por el acuario y son de los primeros en llegar al alimento cuando se lo suministramos.
Generalmente, esta variedad azul tiene una mayor presencia en el mercado, no por más belleza, pero sí por mayor demanda y potencial comercial. En esta variante, ambos sexos están bien coloreados desde edades más tempranas y esto facilita la venta de los peces de ambos sexos, mientras que en la especie original, cuesta trabajo vender las hembras en sus etapas juveniles, que es cuando poseen la talla comercial y un precio más asequible para quienes los adquieren.
Los peces jóvenes se adaptan mejor a las condiciones de nuestros acuarios que los adultos.
Cuál de estas variedades adquirir, eso es cuestión de gusto y de disponibilidad en los comercios que visitamos; ambas pertenecen al grupo de las exquisiteces de la acuarifilia mundial.
Microgeophagus Ramirezi, a pesar de los avances de la acuariofilia mundial, sigue siendo uno de los peces más notorios, bellos y demandados. Se le conoce por disímiles nombres comunes, entre ellos están “Ciclido enano Ramirez”, “Ciclido Mariposa” y “Ramirezi”, como lo conocemos en Cuba.
Con el paso de los años, como muchas otras especies, estos coloridos peces han sido objeto de manipulación genética con excelentes resultados. A nivel global, se comercializan las variedades: “Ramirezi Velo” con amplias aletas, “Ramirezi Balón” con el cuerpo regordete típico de la modalidad, “Ramirezi Gold” (dorado) y una variante de mayor talla nombrada “Ramirezi Jumbo” o “Ramirezi XL” capaz de crecer hasta los diez centímetros en el caso de los machos, pero en Cuba, hasta el momento, debemos conformarnos con dos únicas variedades: la especie original también llamada “salvaje” y el “Ramirezi azul”. Sobre ambos casos estaremos comentando entre este y un próximo artículo.
El Microgeophagus Ramirezi como talla promedio, en condiciones ideales para estos peces, puede llegar a medir siete centímetros en el caso de los machos y como máximo cinco las hembras.
Su apariencia, mantiene las características básicas de la familia: cuerpo aplastado por los laterales, vientre redondeado y una extendida aleta dorsal que termina en una punta mucho más desarrollada en los machos.
De coloración base dorada, con múltiples manchas azul brillante que organizadas en líneas horizontales colman el cuerpo y sus aletas; otras mayores aparecen dispersas en la cabeza y el labio superior. Los opérculos y la parte alta del vientre de color amarillo cromado. Varias bandas verticales oscuras se hacen más o menos visibles en dependencia de algunos factores como la iluminación, la decoración del acuario, la temperatura y el estado anímico de los peces, por lo que muchas veces solo se aprecian una o dos manchas ovales en la mitad superior del cuerpo y la siempre presente banda que cruza la cabeza atravesando el ojo de iris rojo carmín.
Los radios de la aleta dorsal están rematados en rojo, excepto los tres primeros que son negros.
Mientras estos peces son juveniles, solo una mirada muy experta podría atreverse a precisar los sexos, pero cuando alcanzan la madurez, en la especie se hace evidente el dimorfismo sexual.
El primer indicio lo aporta la coloración más intensa que van adquiriendo los jóvenes machos que acabarán creciendo más que las hembras, con un porte más estilizado y el alargamiento de los tres primeros radios de la aleta dorsal, esto último no siempre va a ser así.
Por su parte, las hembras adquieren una tonalidad rosada en el vientre y cuando están aptas para la reproducción sus vientres se engrosan.
Comen de todo, con marcada preferencia hacia pequeñas presas vivas: alevines de otros peces, pequeños renacuajos de rana, Tubifex, etc. que podemos combinar con alimentos secos y congelados a partir de dos comidas diarias.
Sus hábitos son típicos de los ciclidos, territoriales y gustan de procurarse un refugio, del que salen y al rato regresan. Cuando nadan suelen hacerlo entre el fondo y media agua aunque si conviven con peces de su talla o algo más que no los agredan subirán a alimentarse hasta la superficie del acuario.
Como los machos son muy territoriales, salvo acuarios muy grandes, debe colocarse uno solo junto a una o varias hembras.
Una adecuada decoración, basada en abundante vegetación, piedras y raíces con una zona central libre para la natación de los peces, proporcionará a nuestros Ramirezis un entorno propicio para su buen desarrollo y longevidad.
En un próximo artículo abordaremos la variedad azul de esta bella especie de pez.
Dominar el “arte de sifonear”, resulta imprescindible para cualquiera que pretenda adentrarse en el mundo de la piscicultura. Consiste, en adquirir las habilidades necesarias para, auxiliados de un sifón, sustraer de nuestro acuario el agua y los desechos orgánicos indeseados.
Como toda práctica, tiene un sustento teórico; un conjunto de basamentos esenciales que nos permitirán, con el tiempo, desarrollar nuestros propios mecanismos en función de los resultados deseados: según el caso particular.
Basta con disponer de un tubo (manguera) de una medida y longitud adecuadas para ser utilizado como sifón, que nos permita hacer pasar el agua y los desechos orgánicos contenidos en ella, desde el acuario hasta un recipiente colocado en un nivel inferior a este. ¿Por qué decimos que de una medida y longitud adecuadas? Simple, si el sifón seleccionado es muy estrecho, su capacidad de succión será pobre y por lo general insuficiente, además, los desechos orgánicos de mayor tamaño, restos de plantas u otros similares, obstruccionarán el conducto con facilidad, también puede ocurrir si succionamos algún elemento de la grava contenida en el acuario. En caso contrario, una manguera muy gruesa evacuará una cantidad excesiva de agua y nos impedirá retirar los desechos con la menor cantidad de líquido posible; este sería ideal en caso de utilizarlo para el vaciado total o parcial de una pecera, pero no para el sifoneo habitual. Proveernos de un tubo de diámetro medio (1/2 pulgada) nos facilitará una faena más eficiente.
La longitud del sifón también es importante. Demasiado corto, limita la capacidad de movimiento y por ende la eficiencia de nuestro trabajo; demasiado largo hace más incómoda su manipulación, frena el flujo del agua y es más propenso a las obstrucciones durante su empleo. No podemos sugerir una longitud idónea porque no existe, en cada caso particular, debemos decidir que tramo de manguera se ajusta a nuestros requerimientos; dependiendo de varios factores: alto del acuario, ubicación del acuario y lugar donde colocaremos el recipiente receptor.
Hemos optado por la imagen anterior, para ilustrar dos razonamientos: primero, consideramos importante crear estas habilidades desde edades tempranas en nuestros hijos y no asumir la limpieza del acuario como una tarea de los adultos, sino, como una oportunidad más de compartir en familia, de estrechar lasos, de sustraer a los jóvenes de la dependiente adicción a las tecnologías actuales y segundo, porque esta niña no puede realizar correctamente su trabajo; tanto ella como el recipiente receptor deberían estar ubicados a mayor altura para poder centrar su atención en el acuario, pero para un adulto todo funcionaría bien.
También debemos tener cuidado, a la hora de realizar el sifoneo de nuestro acuario y evitar succionar los peces que, curiosos, se acercarán, quizás en busca de alimento, pero lo cierto es que podemos dañarlos e incluso matarlos.
Para no tener que introducir la mano hasta el fondo del acuario, sobre todo cuando se trata de un tanque profundo, puede acoplarse un tramo de tubería rígida en un extremo del sifón, que nos posibilitará su manipulación desde la superficie el agua.
Ya disponemos de los elementos materiales básicos para nuestra labor de higienización y mantenimiento del acuario. Más adelante, abordaremos algunas variantes prácticas para su empleo.
Se impone otra interrogante, ¿cómo hacer fluir el agua a través del sifón? Hay dos maneras elementales: (1) introducir totalmente el sifón en un recipiente con agua para que se llene, luego con los dedos pulgares de nuestras manos tapar ambos extremos y entonces, después de introducir uno de ellos en el acuario y bajar el otro hacia el recipiente receptor, liberar, primero, el extremo dentro del acuario y posteriormente el otro. (2) Introducir uno de los extremos del sifón en el acuario y bajar el otro hacia el recipiente receptor, succionar el sifón con la boca para provocar el fluido del agua a través de él desde el acuario hacia el recipiente. Ambos métodos son funcionales; el segundo, con el tiempo, resulta ser el más común, en la medida en que nos vamos familiarizando con la actividad y salvando algunas barreras lógicas que suelen estar presentes cuando acometemos nuevas tareas.
A partir de aquí, la práctica cotidiana, unida al “disfrute” que seamos capaces de obtener durante el desempeño de nuestra nueva tarea, propiciará el perfeccionamiento gradual de esto a lo que gustamos llamar “el arte de sifonear”.
La destreza que conquistaremos será el premio a nuestra voluntad y perseverancia. Aunque se pudiera comentar mucho más sobre el tema, para facilitarles el empeño, podemos sugerirles algunas ideas prácticas que cada uno de ustedes asumirá, modificará o quizás mejore con el paso del tiempo.
No es lo mismo, sifonear un acuario decorado, con grava y otros elementos, que hacerlo en uno con el fondo libre o con algunas masetas, equipo de filtrado, etc.
En el acuario decorado, con grava en el fondo, generalmente, el material orgánico está atrapado entre las piedras, debajo de los objetos y por las raíces de las plantas. En dependencia del método y potencia del filtrado que utilicemos su concentración será mayor o menor. En la mayoría de los casos, es una tarea que acometeremos con el objetivo de retirar solo una parte de esa materia orgánica, ya que el filtro se encarga de hacerlo de manera sistemática; nosotros eventualmente intervenimos para evacuar aquellos desechos más pesados que no van al filtro y con el paso de las semanas, incluso meses (según el caso) se han ido acumulando en exceso.
Como por lo general, no podemos o queremos, alterar el decorado; entonces debemos dirigir nuestro quehacer hacia las áreas del acuario libres de vegetación, donde solemos alimentar los peces, evitando dañar las raíces de la plantación. Siempre que resulte factible, vale la pena, con mucho cuidado, retirar rocas u otros elementos grandes que suelen viabilizar acumulados significativos de desechos debajo de ellos, realizar el sifonado y volver a colocarlos en su lugar.
Para poder hacerlo, es necesario auxiliarse de un nuevo elemento complementario en el extremo de entrada del sifón o del tubo rígido, que nos permita remover la grava y succionar los desechos sólidos, acción que nosotros regularemos a voluntad, en el punto de salida del sifón con el dedo pulgar de una de nuestras manos.
Cuando no disponemos de estos utensilios en el mercado debemos de ingeniárnoslas para desarrollar iniciativas artesanales que pueden ser muy simples: basta con disponer de una botella plástica de tamaño adecuado para nuestro propósito, hacerle un orificio en la tapa que permita acoplarla a la manguera o tubo del sifón y luego cortar la botella por debajo del cuello, donde se ensancha, para obtener una especie de copa o embudo que iremos introduciendo en la grava para removerla y canalizar por él hacia el sifón todo el material desprendido el fondo, evitando de este modo su dispersión hacia el acuario.
Si tenemos la posibilidad de adquirir un equipamiento diseñado y construido al efecto, a veces mejora la eficiencia, otras no.
En tanques con el fondo libre, sifonear se convierte en una necesidad cotidiana, incluso, cuando existen accesorios de filtrado. Los desechos orgánicos más pesados, suelen acumularse en el fondo y se hace necesario retirarlos con sistematicidad. El momento más idóneo para hacerlo, suele ser en el horario de la mañana porque, la poca actividad de los peces durante la noche facilita su sedimentación, razón por la cual se nos proporciona su colecta con el sifón. Pasado este período, los peces comienzan a buscar alimento y a remover estos desechos que, si bien es cierto que algunos van a parar al colector del filtro, otra parte puede mantenerse suspendida en el acuario. Resulta indispensable, para un buen resultado, diseñar una adecuada estrategia del sifonado, iniciándolo organizadamente desde las áreas de mayor concentración de los desechos hasta recorrer todo el fondo del acuario; cuidadosamente, sin prisa, para no asustar a los peces que pueden removerlo con sus movimientos, mucho más si contamos con especies de fondo como corydoras, plecostomus u otros.
Permítannos reiterar que, ni el mejor de los artículos escritos sobre este tema, superará las experiencias personales que seamos capaces de acumular con nuestra práctica cotidiana. Sistematicidad, disfrute y mesura son los acertijos para acceder al importante “arte de sifonear”.
Recordemos que ya hemos comentado sobre las características generales de estos peces; abordamos el más conocido de los barbos: el comúnmente llamado “Barbo rosa” y en el más reciente artículo, que entre los barbos hay especies grandes y robustas como “Barbo Payaso” y “Barbo Filamentoso”.
Otros barbos, a pesar de alcanzar, en el caso de las hembras, hasta diez centímetros, resultan más apropiados para la convivencia con peces de menor tamaño. Entre ellos contamos en el mercado cubano con dos especies que muchas veces aparecen clasificadas o comercializadas bajo un mismo nombre, pero son diferentes: el Puntius semifasciolatus, “Barbo Semirrayado” o “Barbo Verde” y el Puntius schuberti, bien conocido como “Schuberti” o “Barbo Dorado”.
Comencemos por el más popular: Puntius schuberti.
Un poco menos robusto que su pariente, pero con muchas coincidencias. En ambos casos, los machos son más pequeños, mejor coloreados y el abdomen menos pronunciado. Son peces de fondo y media agua, glotones y juguetones, aptos para convivir con cualquier otro pez, desde pequeñas Tetras neón hasta Gouramis o Escalares. No dañan la decoración ni destruyen las plantas. Como todos los barbos, es recomendable su vida en pequeños cardúmenes.
Su nombre común “Barbo Dorado” se debe al color general de los peces, que va desde el amarillo intenso hasta el dorado con pequeñas manchas negras dispersas; los machos exhiben manchas adicionales que recorren su cuerpo longitudinalmente formando casi una línea, con tonalidades verdosas y en época de celo, incorporan una coloración roja a lo largo del abdomen. A veces por degeneración genética o por cruzamientos con “Barbo Semirrayado”, estos colores palidecen y el pez pierde sustancialmente su belleza.
Este es uno de los casos que nos brinda la posibilidad de, desde nuestra modesta atalaya, hacer un llamado a los acuariófilos a tomar conciencia de sus acciones. Cada pez que seamos capaces de reproducir, y luego cada cría que regalemos, vendamos o intercambiemos, será un nuevo código genético que para bien o para mal, influirá en el futuro de la especie multiplicada. Por ello, es una acción sumamente responsable, aunque lamentablemente muchos no lo aprecien así y nos repartan golpes que también han de recibir de su propio bumerán.
Deben evitarse los cruzamientos inadecuados e innecesarios para obtener ejemplares que conserven o mejoren sus atributos como especie.
El Puntius semifasciolatus, nombrado por algunos “Schuberti Verde”, si bien es cierto que resulta una especie más discreta desde el punto de vista cromático, es un hermoso pez, fuerte, longevo, donde también los machos están mejor coloreados y como en el caso de “Schuberti”, con su librea en época de celo su vientre se matiza en rojo. Comen de todo y no son nada exigentes en cuanto al hábitat.
Para finalizar, nos complace informarles, que ambas especies tienen la virtud de poder convivir con Goldfish, Escalar velífero, Guppys y todos esos peces que sufren las mordeduras de sus compañeros de acuario, dañando sus aletas. También, su fortaleza y tolerancia los convierte en opciones idóneas para el aprendizaje de los principiantes en la piscicultura.
Paracheirodon innesi es, quizás, el más popular de los peces llamados “Tetras”. Procede de Brasil, Colombia y Perú; desde su entrada al mundo de la acuariofilia hasta nuestros días ha ocupado un puesto cimero y de privilegio por disímiles razones.
Popularmente se le conoce como “Tetra Neón”, a causa de una franja luminiscente, de coloración variable, que, según el ángulo de incidencia de la luz sobre el pez, puede ser verde o azul y que se extiende horizontalmente desde el iris del ojo hasta su aleta adiposa. Por encima de esta línea lumínica, el dorso es de un matiz parduzco-verdoso, mientras que, desde la parte inferior del ojo hasta la mitad del cuerpo, el vientre es blanquecino y de ahí hasta el pedúnculo caudal y la base de la cola de color rojo intenso.
De cuerpo fusiforme, estilizado, con todas las aletas transparentes, excepto el primer radio de la aleta dorsal que es blanco. Su tamaño, en las hembras adultas, que son algo más grandes y robustas que los machos, no excede los cinco centímetros de longitud total.
Para diferenciar los sexos en esta especie, debemos observar que el cuerpo de la hembra es ligeramente más redondeado, mucho más evidente cuando son adultas y están listas para la puesta.
Hasta donde conocemos, P. innesi está presente en Cuba desde los años 70 del pasado siglo; en nuestro caso particular obtuvimos los primeros diez ejemplares en 1988.
Existe otra especie similar, pero muy escasa en nuestro mercado y mucho más compleja para su mantenimiento: el Paracheirodon axelrodi “Tetra Cardenal”, que se diferencia de Paracheirodon innesi porque en Cardenal la banda inferior roja se extiende desde la boca hasta la base de la cola y domina todo el cuerpo, mientras que en innesi solo la mitad.
No solo en Cuba, sucede que casi nunca se encuentran ejemplares adultos en el mercado, se comercializan peces jóvenes que fluctúan entre uno y dos centímetros. P. innesi, crece muy lento; requiere tiempo y condiciones idóneas para llegar a alcanzar su tamaño adulto.
Cuando nos referimos a “condiciones idóneas”, se trata de cumplir con las exigencias típicas de la especie. Los neones, tienen preferencia por las aguas blandas y ácidas; en ellas mejoran su vitalidad, serán más coloridas y longevas, lo que propiciará que puedan alcanzar su talla adulta.
Con el paso del tiempo, desde que se logró criarlas en cautiverio, miles de generaciones de estos peces han hecho posible que sean cada vez más tolerantes a las particularidades físico-químicas del agua en que se desarrollan.
Ahora, “condiciones idóneas”, son también aquellos requerimientos para la convivencia con otras especies. P. innesi es una especie pacífica, tímida, que necesita vivir en grandes cardúmenes que nunca, deben ser menores de doce ejemplares; cuando son mantenidos en solitario o un grupo pequeño de individuos, vivirán asustadizos, faltos de color, no se alimentarán bien y acabarán muriendo a causa del estrés.
El tamaño del acuario puede ser pequeño si solo tendremos tetras neón, pero siempre bien plantado y con áreas de penumbra. Si las asociamos con otros peces, la pecera debe ser mayor, que nos permita una decoración que provea a los neones de zonas donde refugiarse o sentirse seguras.
Algunos autores, especializados en el tema, sugieren utilizar un sistema de filtrado doble: un filtro biológico debajo la grava y otro mecánico, que genere una corriente suave, en correspondencia con las que se producen en su hábitat natural.
“Condiciones idóneas”, es también una adecuada alimentación. El “Tetra Neón” es un pez omnívoro, por lo que necesita de una dieta balanceada, rica en componente vegetal y complementada con alimento vivo o congelado. Si pretendemos que nuestros neones crezcan sanos y exhiban en todo su esplendor sus colores tendremos que estar muy pendientes de ello.
Como todos los peces, pueden soportar períodos de ayuno o conformarse con una ración diaria de alimento, pero lo ideal es suministrarles dos comidas diarias. Por ejemplo, en la mañana, cuando más hambrientas estarán, podemos ofrecerles alimentos secos: piensos o escamas (hojuelas), siempre triturados para que consigan ingerirlo sin dificultad. En horas de la tarde, no en la noche, una segunda comida basada en alimento congelado (hígado, pescado, artemias) o alimento vivo (tubifex troceados, en Cuba conocidos como Calandracas). Los vegetales pueden ser incorporados en la confección de alguna papilla casera o suministrándoles Spirulina (suplemento dietético), intercalada con periodicidad.
Como colofón, P. innesi es un pez muy adecuado para nuestros acuarios, tanto específicos como comunitarios.
Si desean combinarlos con otras especies, les relacionaremos algunas sugerencias: pueden convivir con casi todos los tetras, entre ellas descartaríamos Ctenobrycon spilurus, “Tetra Plata” y Hemigrammus caudovitatus, “Tetra Argentina” o “Tetra de Buenos Aires”. Muy adecuados resultan Microgeophagus ramirezi, Symphysodon discus, “Disco”, todas los Corydoras, Tanichthys albonubes “Neón Chino”, algunos barbos como B. schuberti, B. semifasciolatus y B. titteya, así como las especies de Gouramis: Colisa lalia “Gourami Enano”, Colisa chuna y Trichogaster leeri “Gourami Perla”.
En nuestra opinión, vale la pena hacer un alto en la descripción de las principales familias y sus especies, presentes en el mercado cubano, para abordar un grupo de peces pertenecientes a la familia Melanotaeniidae, incluida en el orden Atheriniformes, conocidos como peces Arcoíris.
Los melanotaénidos, se agrupan en siete géneros, pero de ellos, solo dos están representados entre las especies introducidas en Cuba: Melanotaenia y Glossolepis.
Los Arcoíris, son peces de talla pequeña o media; provenientes de Australia, Indonesia, Nueva Guinea y otras islas del área geográfica que viven en aguas cálidas, dulces o salobres.
En Cuba, el género Melanotaenia, ha estado presente desde los años setenta del pasado siglo, con la especie Melanotaenia maccullchi, desde hace años, ya inexistente en el país.
Un pez discreto, que no rebasa los ocho centímetros de longitud total y de cromatismo moderado en etapas juveniles (característico de la familia), pero los adultos son de color dorado-brillante, sobre el que se destacan varias bandas longitudinales de puntos negros y sus aletas adquieren una tonalidad rojiza. Su llegada constituyó una singular novedad en la acuariofilia cubana, a pesar de su efímera presencia.
Décadas después, alrededor del año 2008 del presente siglo, se introduce el “Arcoíris Azul”, Melanotaenia lacustris. La nueva especie, mucho más vistosa y de mayor talla, con rapidez alcanzó popularidad en el mercado y a pesar de su costo relativamente elevado se ha mantenido con buena aceptación.
Como característica general, las hembras del género Melanotaenia suelen ser algo más pequeñas que los machos que, en M. lacustris pueden alcanzar hasta catorce centímetros y estos, a su vez, son más coloridos, con aletas más largas y durante la librea su frente adquiere un color naranja intenso.
Son estirados, altos, de perfil estrecho. Cabeza pequeña y triangular, con grandes ojos negros de aro metálico. Grandes escamas brillantes que en M. lacustris son de tonalidad azul verdosa y vientre blanquecino, con algunos visos amarillentos.
A diferencia de la mayoría de los peces de acuario, poseen dos aletas dorsales; la primera es más pequeña seguida de otra mucho más extendida, pero no tanto como la anal que se inicia en el vientre, a mitad del cuerpo y ambas terminan en el pedúnculo caudal, cerca de la base de la cola.
Cuando son longevos, sus cuerpos acentúan la altura del dorso y adquieren un aspecto abultado, algo deforme que los hace menos atractivos.
En 2015, llegan a Cuba, los primeros ejemplares de Melanotaenia boesemani, y en 2017 comienza a tener una representación en el mercado. Su incipiente presencia ofrece nuevas posibilidades a quienes gustan de los acuarios poblados de peces vivaces y de talla media. Como todo lo nuevo, aún resulta escasa y costosa para aquellos que disponen de menores ingresos.
Este pez, “Arcoíris de Boeseman”, en alusión a su descubridor el doctor Marinus Boeseman, procede de Indonesia, específicamente del lago Ajamaru, en Irian Jaya.
Los machos alcanzan los nueve centímetros. Las características morfológicas descritas para M. lacustris, son válidas para M. boesemani. Algo más pequeñas y más coloridas, con marcada diferencia entre los sexos. Su cuerpo oval y aletas cortas, mantienen la gradación base sustentada en los tonos azules metálicos, pero en las hembras, menos coloridas, aparece una línea central oscura, horizontal, que se inicia en la base de la cola y se extiende por todo el cuerpo; junto a ella otras bandas más estrechas que afloran o se desvanecen en dependencia del ánimo del pez. En ellas, la primera de las aletas dorsales es redondeada, mientras que en los machos acaba en punta.
Los machos adultos exhiben su cromatismo grandilocuente que en la mitad delantera del cuerpo varía entre matices azules y violetas, a veces con tres bandas verticales oscuras, el resto con amarillos, naranjas y rojos; incluidas la segunda aleta dorsal, la anal y la caudal. Toda esta coloración, varía según la calidad del agua, las condiciones higiénicas del acuario y el estado emocional de los peces.
boesemani, tiene una variante roja y en su estado natural, la especie está catalogada en peligro de extinción.
Esta diversidad cromática justifica el apelativo de peces Arcoíris. Todos ellos se reproducen muy bien en acuarios; son voraces, glotones, muy activos, que requieren de espacio para nadar. Es importante dotarlos de un filtro potente que contribuya a propiciarles suficiente oxígeno. También agradecerán los cambios de agua periódicos y el tenerlos en cardúmenes de al menos seis especímenes.
Comen de todo, pero debemos alimentarlos con suministros que no se precipiten con rapidez hasta el fondo, sobre todo en acuarios profundos, porque estos peces gustan de alimentarse en la superficie. Si no están bien nutridos y las condiciones del agua no son las idóneas se tornarán lentos y pálidos.
Hay un detalle que no quisiéramos dejar de mencionar en favor de quienes sostienen el tino de reproducirlos, de los que asumimos la responsabilidad de comercializarlos y de los que poseen el buen gusto de adquirirlos; contar con ellos en el mercado requiere paciencia y recursos. Son peces que, a pesar de su apetito insaciable, crecen muy lento, además necesitan espacio y equipamiento para que se desarrollen: esto encarece su producción y mantenimiento en los comercios. Generalmente, quienes los compran para llevarlos a casa, deben adquirir ejemplares muy jóvenes que, a la mirada desconocedora no ofrecen una relación equilibrada costo-producto, pero es la mejor manera de aclimatarlos a nuestras condiciones, esmerarnos en cuidarlos, verlos crecer y poco a poco deleitarnos con el gratificante resultado de nuestro empeño y paciente perseverancia.
Los primeros ejemplares de Glossolepis incisus, se importan en 2015, al igual que Melanotaenia boesemani, y de manera gradual comenzarán a hacer su debut en nuestro mercado. Reiteramos que, como todo lo nuevo, en un inicio serán escasos y costosos para aquellos que disponen de menores ingresos.
Su nombre común es “Pez Arcoíris Rojo”, y es endémico del lago Sentani y sus afluentes, en Nueva Guinea, Indonesia.
Las consecuencias negativas de la intervención antrópica en el hábitat natural de G. incisus, atentan de manera irreversible contra la supervivencia de estos peces; por ello, la IUCN, en su Lista Roja, ha catalogado esta especie como “vulnerable” (G. Allen, 1996).
Como podrán apreciar, su existencia en el futuro cercano, augura ser una responsabilidad de quienes los críen en cautiverio.
Los machos, más robustos y coloreados que las hembras, pueden crecer hasta los doce o catorce centímetros de longitud total.
Las diferencias sexuales son bien explícitas, al punto que, comerciantes inexpertos o deseosos de vender las hembras, mucho menos atractivas, podrían convencernos de que se tratan de especies diferentes. También debe evitarse adquirir solo machos debido a su coloración: el cardumen debe estar integrado por peces de ambos sexos para que los machos desplieguen a plenitud su librea. Además de ser más grandes, el cuerpo de los machos es más elevado y su frente más quebrada.
Ambos tienen un cuerpo ovoide, comprimido lateralmente, cubierto de grandes escamas. Una cabeza, proporcionalmente pequeña en relación con el cuerpo, mucho más apreciable en los machos y con grandes ojos negros.
Los peces jóvenes, son de coloración base dorado-verdosa, con reflejos plateados muy brillantes en los flancos y la cabeza, que dan la sensación de la pérdida de algunas escamas. Las hembras mantienen esas características al tiempo que los machos, una vez conseguidos los cuatro o cinco centímetros de longitud, de manera gradual comienzan a adquirir la coloración roja que los identifica.
Los machos adultos alcanzan una coloración entre rojo salmón y rojo carmín brillante, con algunos reflejos plateados en los costados, desde los opérculos hasta debajo de la primera aleta dorsal. En dependencia del estado de ánimo de los peces, el cromatismo será más o menos intenso y de igual manera podrán ser visualizadas en mayor o menor grado una docena de líneas horizontales de puntos rojos que atraviesan el cuerpo. De manera intermitente, en el borde del dorso hasta la boca, aparece una banda fluorescente, amarilla en las hembras y naranja en los machos que, en la etapa reproductiva se hace mucho más brillante.
Las aletas son de color rojo intenso con reflejos naranja; en el caso particular de la caudal, aparece un área blanquecina en forma de “L” que recorre la base de la cola y se proyecta hasta el extremo inferior de esta.
Todo este esplendor cromático depende de una buena alimentación y adecuadas condiciones del acuario donde viven, ya descritas en el artículo precedente.
No son peces de difícil reproducción para aquellos que tengan alguna experiencia en la cría de otras especies ovíparas. Los alevines son muy pequeños y en pocos días nadan vivazmente. En la imagen siguiente, que nos resultó imposible obtenerla sin capturar un ejemplar, podrán observar el tamaño de sus crías con apenas 24 horas de nacidos y un detalle ampliado. A continuación, una secuencia del proceso de crecimiento de sus crías a los diez, catorce días y un mes.
Con el paso de los días y el desarrollo de las crías, hemos tomado estas imágenes de algunos momentos para hacerles partícipes de esta experiencia con la actualización de lo publicado.
Recuerde que siempre agradecemos sus comentarios que nos ayudan a mejorar nuestro trabajo: ¡gracias por visitarnos!
De origen desconocido, podría considerarse como una réplica del Brachydanio rerio, pero las líneas que cruzan el cuerpo son de coloración azulosa y debajo de estas aparece una secuencia de pequeños puntos. Los constantes cruzamientos entre ambas especies han dado lugar a diferentes híbridos que, aunque no resultan estériles, exhiben una apreciable merma en la intensidad cromática en los ejemplares de ambos casos, con excepciones.
En Cuba, desde el pasado siglo hasta la fecha, se comercializa un “danio leopardo” de coloración variable, que transita desde el gris-azul hasta el siena-dorado, tonalidad sobre la que se distribuyen líneas longitudinales de puntos y con aletas amarillentas como en el Brachydanio rerio.
También se observa el ribete blanquecino en la aleta dorsal y se obtuvieron variedades como la roja, verde y su cualidad velífera, dotando a estos peces de mayores atractivos y posibilidades comerciales.
El dimorfismo sexual es similar al descrito para B. rerio.
En la siguiente lámina aparecen dos ejemplares de B. frankei de la variedad verde, uno con sus aletas normales y otro velífero.
Según el criterio de Antón David Pérez Rodríguez, Ourense, Galicia, España: “se supone que estos ejemplares procedían de Camboya, pero nadie ha sido capaz de demostrar de manera fehaciente el verdadero origen de estos peces. Se les dio el nombre de B. frankei y el nombre vulgar de Danio Leopardo, pero para muchos esta especie no es ni más ni menos que una variedad de criadero posiblemente obtenida por la mutación de B. tweediei o B. nigrofasciatus.”
Cualquier criterio, aclaración, experiencia personal o información documentada que considere pueda enriquecer y por ende mejorar este documento en beneficio de quienes lo consulten, la aceptaremos con gusto. Por favor, déjenos su comentario.
Originarios de Asia y pertenecientes a la familia Osphronemidae, el género Trichopodus, antes Trichogaster, incluye peces tropicales de agua dulce, conocidos y comercializados como “Gouramis”. De ellos, haremos referencia a las especies que con frecuencia pueden encontrarse en los comercios cubanos: Trichopodus trichopterus, Trichopodus trichopterus cosby y Trichopodus leeri.
La especie Trichopodus trichopterus procede de la cuenca del río Mekong al sur de China, también se localiza en Vietnam, Tailandia, Laos, Camboya, Malasia, Myanmar y norte de Indonesia. Habitan aguas reposadas, con ligera corriente o estancadas donde escasea el oxígeno disuelto como: estanques, pantanos, marismas, zonas inundadas y campos de cultivo. Pueden vivir en estas condiciones gracias a su aparato respiratorio que, además de las branquias, muestran un órgano auxiliar situado en la base del cráneo, conocido como “laberinto”. La combinación de ambos, les ofrece la privilegiada posibilidad de consumir, no solo, el oxígeno disuelto en el agua, sino también el atmosférico.
Estos peces, en condiciones de cultivo, rara vez sobrepasan los doce centímetros de longitud total, pero, en estado salvaje los machos llegan a los quince.
Bajo los parámetros generales de la especie se comercializan muchas variedades híbridas que, en Cuba, suelen ser nombradas como: Gris, Azul, Amarillo o Dorado y Blanco; también el Opalino.
Junto al “Gourami Gris”, llamado “Gourami de Tres Puntos”, porque en él, se alinean con el ojo, dos lunares negros, uno a mitad del cuerpo y el otro en la base del pedúnculo caudal, su variante azul, para nosotros “Gourami Azul”, es el clásico representante del género Trichopodus. Sin dudas el más resistente y asequible en el mercado.
Posee un cuerpo robusto, de forma elíptica, lateralmente muy comprimido, de color azul pálido con difusas manchas transversales, algo más fuertes y dos nítidos puntos oscuros: uno a mitad del cuerpo, debajo del inicio de la aleta dorsal y el otro muy próximo a la base de la cola o aleta caudal. Sus aletas, se muestran finamente punteadas en azul claro y rematadas por tonos amarillos o dorados. Los ojos bordeados por un aro rojo. Desde el vientre se proyectan dos antenas o barbillones, modificaciones de sus aletas ventrales, que los peces utilizan como órganos sensorios en aguas turbias y que mueven a su antojo, imprescindibles para el vínculo de las parejas durante el cortejo y que confieren, a todos los Gouramis, una singular peculiaridad.
En la variedad Amarilla o Dorada, no se definen los lunares negros de la especie tipo, apenas se vislumbran en ocasiones, mantienen las manchas transversales y el aro rojo en los ojos. Como su nombre lo indica, el cuerpo y las aletas ofrecen un matiz dorado, en ocasiones con zonas violáceas o rosa claro.
Es conveniente aclarar, que estos peces también padecen de infundada mala reputación que, injustamente, replican muchos aficionados e improvisados comerciantes. Suele decirse que los Gouramis son peces agresivos y ESO NO ES CIERTO. Los Gouramis son peces pacíficos, capaces de convivir con muchas de las especies de peces presentes en nuestros comercios. Como todo pez, un Gourami necesita transitar un proceso de adaptación a la convivencia, mucho más simple si se adquieren ejemplares jóvenes y de talla mediana. Peces adultos, de edad avanzada y acostumbrados a espacios grandes, difícilmente se adapten a una convivencia en un acuario pequeño, incluso, peces que se hayan habituado a vivir solos porque quien los tiene descuidó la atención de su acuario y el resto de los inquilinos fueron muriendo con el tiempo, será muy poco probable que acepte impávido la incorporación repentina de nuevos huéspedes en lo que para él constituye su espacio vital. Los acuarios poco plantados, donde deban convivir con peces muy pequeños como los Tetra Neón, Cebrita, Guppy, etc. estaremos de acuerdo en que no constituyen escenarios adecuados para una convivencia amistosa con peces de gran tamaño, aunque no sean los blasfemados Gouramis.
El dimorfismo sexual, una vez alcanzada la madurez por los peces, está definido por un mayor desarrollo de las aletas dorsal y anal en los machos, que se afilan terminado en puntas, a diferencia de las hembras que las mantienen redondeadas y crecen menos; por otra parte, el engrosamiento abdominal de las hembras maduras durante el proceso de ovulación, también se añade a los elementos que posibilitan la diferenciación de sexos en estos peces.
Son peces omnívoros que aceptan gustosos cualquier tipo de alimento.
Unos Gouramis mantenidos en un acuario bien plantado, con una alimentación variada y suficiente para que se mantengan saludables, combinados con otras especies de talla media o grande, pueden resultar una excelente opción para los principiantes, los aficionados expertos e incluso, por qué no, para cualquier piscicultor por muy experimentado que sea.
Estos “constructores de nidos de burbujas” tienen la singularidad de colocar e incubar sus huevas en la superficie del agua, en una estructura espumosa, flotante, que los machos fabrican y cuidan con celo hasta el nacimiento de sus crías.
En un próximo artículo abordaremos: Trichopodus trichopterus cosby y Trichopodus microlepis.
Dentro del Orden Characiformes, la familia Characidae agrupa a los conocidos “Carácidos”. Estos peces forman parte de varias Subfamilias y abundantes Géneros, que en sentido general responden al nombre común de “Tetras”. La más importante de las subfamilias es Tetragonopterínidos y su abreviatura da origen a la denominación “Tetra”.
Los “Tetras” son muy utilizados en los acuarios debido a la gran belleza de estas pequeñas especies de peces de agua dulce. Entre sus rasgos distintivos está la presencia de una pequeña aleta adiposa, blanda, después de la aleta dorsal, próxima a la cola. En su mayoría, presentan algún grado de dificultad para ser reproducidos en cautiverio, por lo que no resultan idóneas para los principiantes; no obstante, las variedades menos exigentes en cuanto a las condiciones de vida en un acuario comunitario resultarán un agradable reto para los aficionados a la piscicultura que hayan rebasado el período novel de sus empeños.
En los comercios cubanos, se pueden encontrar un aproximado de veintidós especies, pertenecientes a unos trece géneros, de ellas, con aceptable permanencia entre siete y diez variedades de tetras, con menos abundancia otras seis y el resto suelen estar presentes de manera eventual y en establecimientos puntuales.
Los géneros mejor representados en Cuba son: Hyphessobrycon con siete especies, Hemigrammus con tres y Paracheirodon con dos. Completan la lista Aphyocharax, Ctenobrycon, Gymnocorymbus, Hasemania, Inpaichthys, Moenkhausia, Nematobrycon, Phenacogrammus, Pristella y Thayeria con una especie cada uno.
Lo más apropiado sería, abordar las especies por género y en este orden, pero no lo haremos así; comenzaremos por describir aquellas más conocidas y con mayor permanencia y distribución en el mercado.
Gymnocorymbus ternetzi. “Tetra negro” o “Monjita”.
Se trata de un pez resistente, robusto, pacífico y fácil de mantener. Los machos pueden crecer hasta cinco o seis centímetros y algo más las hembras.
Muestran las características típicas de un tetra: cuerpo aplastado lateralmente, elíptico, con las regiones dorsal y ventral redondeadas, dos aletas dorsales, la primera, situada a mitad del cuerpo, la segunda, adiposa, entre esta y la cola, aleta anal amplia, que va desde la región ventral del pez hasta cerca del nacimiento de la aleta caudal.
Desde el punto de vista cromático, el cuerpo se divide en dos zonas: de la mitad hacia atrás es negro, incluidas las aletas dorsal, anal y adiposa. De la mitad hacia adelante gris metálico, oscuro en el dorso y se hace más claro hacia la región ventral, con tres bandas negras verticales incompletas, una que atraviesa el ojo y las otras dos entre el opérculo y el inicio de las aletas dorsal y anal. La aleta caudal, las ventrales y las pectorales son transparentes, pero en el mercado se pueden encontrar, eventualmente, ejemplares con la aleta caudal negra.
Esta coloración, es intensa en los ejemplares jóvenes, pero va a palidecer en los ejemplares adultos. Con la variedad de cola negra este proceso es bastante discreto.
Estos hermosos peces, deben vivir en cardúmenes formados por no menos de seis ejemplares; si el número de machos es mayor, mejor. Constantemente, interactúan unos con otros, dando la sensación de que se agreden, pero como decimos en Cuba: la sangre no llega al río, solo algunos desgarres de aletas en la variedad velífera. Cuando alcanzan la adultez y las hembras ovulan, estas acosan con insistencia a los machos invitándolos a la puesta.
Con el tiempo se han obtenido las variedades velífera y rosada, esta última conocida en Cuba como “Monjita blanca”.
El dimorfismo sexual es muy poco marcado en esta especie; los machos, suelen ser algo más pequeños y las hembras tienen un cuerpo más redondeado.
Deben ser dotados de un acuario amplio y bien plantado, para proporcionarles sombra y refugio, respetando un área central libre donde los peces puedan nadar libremente y un filtro que no genere una circulación de agua demasiado intensa, porque los tetras no se sienten a gusto en un acuario con fuertes corrientes. Si se cumplen estas recomendaciones, se les suministra una dieta variada a razón de dos veces al día, nuestros peces podrán vivir varios años.
Aunque los tetra siempre ofrecen un cierto grado de dificultad para reproducirlos, “monjita” no es de los más complejos para obtener la puesta. Aquellos que hayan tenido éxitos con la cría de ciprínidos, podrán intentarlo creándoles a estos peces un ambiente similar al practicado con los barbos, pero colocarán un solo macho por hembra.
La pareja esparcirá sus huevos sobre las plantas, lo que no significa que una parte de ellos no caerán al fondo y los peces tratarán de devorar los que estén a su alcance; por eso, los padres deben ser retirados inmediatamente después de concluido el desove.
Si las condiciones son propicias, al día siguiente aparecerán diminutas y transparentes criaturas difíciles de distinguir si no observamos bien, casi inmóviles en las zonas más oscuras del tanque de cría.
El saco vitelino será reabsorbido en un plazo de tres o cuatro días, entonces los alevines comenzarán a nadar y una apremiante carrera por sobrevivir: comer, comer y comer es la única manera de lograrlo; nuestra tarea será alimentarlos, primero con infusorios en la primera semana e incorporarles otros alimentos hasta que en un mes o un poco más, puedan ingerir la alimentación normal.
Alrededor de las tres semanas de vida, en los más aventajados de nuestros pequeños tetras, comenzarán a vislumbrarse sus futuras características morfológicas. Estas, se iniciarán con el desarrollo de sus aletas dorsal y anal, junto a una mejor definición de la caudal y del cuerpo del pez.
Alcanzadas las cinco semanas, los juveniles de monjitas serán una réplica en miniatura de sus progenitores.
Cualquier duda, opinión o discrepancia, déjenos su comentario, y si así lo desea, una dirección a la que podamos contactarle y en la medida que nos resulte posible atenderemos lo que nos solicite o comente. Gracias por consultarnos.
Angel Miguel Martínez Gómez. Ciudad de La Habana (1961). Licenciado en Educación. Master en Contaminación Ambiental. Mención Gestión Ambiental y Protección de los Recursos Naturales. Varias décadas dedicadas a la cría, cuidado y comercialización de peces y plantas para acuario. “Splendens Acuario”. Avenida Emilio Núñez Edifico 1 Apto. 5. Yaguajay. Sancti Spíritus. Cuba.
Email: angelmiguelmg@nauta.cu
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